Descanse en paz, privacidad. Usted es sólo un cadáver

La privacidad fue un valor. Ya no lo es. Hemos aprendido a vivir sin ella. Sin creer que sea un valor que hay que proteger.  No es algo que hayamos descubierto hoy.  El programa televisivo Gran Hermano, las políticas de ‘seguridad’ impuestas por George Bush tras los atentados del 11-S y la irrupción de las redes sociales, y en especial de Facebook, llevan años provocando una irremediable revisión del concepto de privacidad.

Porque, ¿qué es la privacidad? Probablemente ya no el “ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión” que dice la RAE. O quizás sí, sólo que ese “ámbito” es cada vez más pequeño y el “derecho” cada vez más limitado, un derecho infravalorado ante la nueva religión que niega la separación entre público y privado, entre personal y profesional, entre lo que se quiere mostrar y lo que se quiere reservar para uno mismo.

Privacidad en Internet. Imagen extraída del blog de Jesús Martínez. http://jesusmargon.com/

Privacidad en Internet. Imagen extraída del blog de Jesús Martínez. http://jesusmargon.com/

Y viene esta reflexión a cuento por la “iniciativa sin precedentes” (así la vendían) de un diario deportivo catalán, que tras el Barça-Madrid del domingo publicó en su edición web una foto realizada a 360º que permitía a los lectores ampliar cualquier zona y conseguir, gracias al superzoom, identificar a los asistentes al partido.

Una técnica que, por cierto, puede ser utilizada de la misma manera para identificar asistentes a una manifestación o a un mitin político de un partido de la oposición. Bienvenidos, gracias a la negación de la privacidad, a un Estado policial. Vigilado. Controlado. El Estado del Gran Hermano. El Estado que George Orwell vaticinó.

Quien puso la primera piedra de la destrucción del concepto fue el programa televisivo ‘Big Brother’, estrenado en los Países Bajos en 1999 y al año siguiente en nuestro país, donde cosechó un gran éxito de audiencia mientras reeducaba a los espectadores en el desdén hacia la intimidad. En España, y en los 70 países más en los que el programa funcionó. La filosofía de la antiprivacidad empezaba a cuajar.

Y entonces llegó George Bush para darle una mayor carga ideológica. Amparado en la necesidad de proteger a los ciudadanos tras el golpe de los atentados del 11-S, el Gobierno norteamericano no dudó en imponer normas que violaban la privacidad de los ciudadanos. A nadie pareció importarle. El derecho a la privacidad iba encogiéndose, menguando, extinguiéndose.

Mientras, la nueva religión iba ganando fieles. Uno de ellos el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg.  Zuckerberg, miembro al menos por edad de la ‘generación Gran Hermano’, simplemente no considera que la privacidad sea un valor a proteger. Así lo explica al menos el periodista norteamericano David Kirkpatrick, autor del libro “El efecto Facebook. La verdadera historia de la empresa que está conectando el mundo”.

Para el creador de Facebook, según el periodista, “en un mundo más abierto y transparente (es decir, con menos privacidad) la gente asumirá las consecuencias de sus actos y tendrá más tendencia a responsabilizarse de ellos”. Porque, dice el joven empresario, “la gente está perdiendo rápidamente el interés por esconder sus datos”.

Mejor exhibirlo todo.

Hasta quedarnos sin nada dentro.

PD: La imagen está sacada del blog del periodista andaluz Jesús Martínez, que utiza esta imagen para brindanos un artículo altamente recomendable, titulado ‘Privacidad vs comodidad: Google y Twitter’.

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11 comentarios

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  2. He pinchado en el enlace del artículo de La Vanguardia y he tenido que dejar de leer. Las charlas de TED son muy interesantes, pero el caballero que escribe el artículo, o no ha entendido muy bien de qué iba la charla, o la ha entendido perfectamente a su manera. El caso es irrelevante para lo que quiero comentar. Espero no extenderme.

    El mensaje principal que quiero transmitir es que detrás de todos esos algoritmos de Google y de la complejidad de Facebook no se esconde una mano negra ni una forma de controlarnos a todos, sino el interés de estas compañías para hacer que su experiencia en Internet sea cada vez más sencilla y más acorde con los gustos personales del usuario.

    Para ello, se sirven de cookies. No solo ellos, sino también, por ejemplo, las agencias de viajes o Amazon. Sus objetivos, vuelvo a decir, es que te sientas identificado con ese primer pantallazo que recibes porque ellos, como empresas, lo que quieren es fidelizarte como cliente. Así que, por poner un ejemplo, si me voy a un supermercado online y tengo que dar 5 clics de ratón para llegar a un producto que quiero frente a una competencia que sabe qué me gusta porque ya he estado ahí y me lo pone bien fácil para que con solo uno lo añada al carrito, probablemente me vaya a la competencia. Esto no es otra cosa que empresas compitiendo por dar un mejor servicio al cliente. Vamos, lo de toda la vida.

    Creo que todos valoramos la privacidad. Pero no hay un medidor para ello. Por ejemplo, para mí puede no ser una temeridad que mis amigos puedan ver mi teléfono en Facebook, sin embargo, para ti, quizá lo sea.

    No creo que se pueda valorar lo que para la gente es la privacidad sin tener en cuenta que, previamente, han hecho uso de su libertad facilitando esos datos. Y tampoco me atrevería a decir que la gente hace un uso irresponsable de su privacidad, que es lo que vienes a decir cuando ésta se ha perdido como valor. Ojo, no estoy en total desacuerdo con lo que dices, pero es que hace solamente 15 años muy pocos tenían Internet y casi nadie tenía teléfonos móviles. Si Internet hubiera llegado a nuestras vidas hace 30 años, ¿estaríamos hablando de la privacidad como valor perdido? ¿si la respuesta es sí, qué tienen que ver programas como Gran Hermano en esto? Porque estoy seguro que ni tú, ni yo, nos sentimos identificados con los personajes que se convocan allí cada año.

    Lo de Facebook sí que tiene su miga. ¡Pocas empresas hacen tanto por la seguridad de sus usuarios! Facebook mejora constantemente la seguridad de nuestros datos, unos datos, no olvidemos, que hemos dado voluntariamente. No solo eso: sino que nos ofrece libertad para modificar la seguridad como nos plazca. Para el perfil solo necesitamos un email y ni siquiera tiene que ser el nuestro, puede ser ad-hoc. Ni un dato personal más. Todo lo que demos, es cosa nuestra.

    No olvidemos otra cosa: Facebook es una red social, por lo que las relaciones sociales son su ADN. Pone a nuestro alcance gente con la que no podríamos comunicarnos de otra manera. Mark lo vio y, por cómo van las cosas, parece que tenía razón. Si uno es muy celoso de su información (no solo de la privada, sino de cualquiera que se pueda publicar), que no esté.

    Podría seguir, con Google, pero esto ya es demasiado largo. Solo añadiré que estas empresas (y cada vez más) tienen el objetivo de personalizar su web a gusto del usuario. Su idea es dar mejor servicio a ese cliente, y eso incluye hasta el contenido de la página, como he explicado antes con el ejemplo del supermercado online. No hay nada más.

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    • Cristina Vives

       /  18/11/2012

      Hola Antonio.

      En primer lugar, muchas gracias por tu dejar tu reflexión en este post. Yo no sé si detrás de los algoritmos de Google y de los anuncios de Facebook hay una mano negra ni si estas empresas quieren controlarnos o simplemente personalizar nuestra experiencia de usuario. Lo que sí creo es que el resultado de sus actuaciones es que nos controlan. Y que nuestra privacidad está constantemente amenazada al pertenecer a redes sociales como Facebook o, simplemente, al habernos convertido en seres con identidad virtual. Nuestro perfil en Facebook, por ejemplo, no está conformado solamente por la información que nosotros damos de nosotros mismos, sino también por la información que los otros dan de nosotros. Y esto, y por eso afirmo que la privacidad se está perdiendo como valor, parece no importarle demasiado a la mayoría de la gente. Como tampoco le importa a la mayoría, sobre todo de jóvenes, exponer su vida en un escaparate gigante y perenne. Facebook no dispone, sólo propone, no querría que de este artículo saliera la idea de que demonizo a la red de Zuckerberg. Es la sociedad, que ya no cree que la vida personal de un indiviudo sea sólo suya, la que consiente. Y además, lo hace entusiasmada.

      Un saludo, y de nuevo gracias.

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      • Hola Crisitina. Tu punto de vista me parece, en general, comprensible. La relación con la privacidad ha cambiado y, por extensión, con la intimidad. Muy rápido en muy poco tiempo. Siempre ha habido gente muy exhibicionista. Gente que tenía los medios para exhibirse. Y gente muy celosa de su privacidad que, pudiendo hacer uso de esos medios, no lo hacían. Hablo, claro está, de los famosos. El resto de los mortales estaban fuera de esa exhibición porque a nadie le importaba lo que hicieran.

        La tecnología ha cambiado eso. Ahora, todos podemos tener una pequeña parcela de varios cientos de amigos e incluso de amigos de amigos, que ni hemos visto ni veremos, donde exhibirnos. Los hay muy celosos con lo que hacen y los hay que te cuentan hasta su desayuno. Lo que quiero decir es que en cuanto las herramientas se han puesto al alcance de la mano, hemos visto que el exhibicionismo que parecía de unos pocos, resulta que no es de tan pocos. Aún así, creo que la privacidad y la intimidad siguen siendo algo muy preciado por la mayoría de la gente aunque, sin embargo, sí creo que hay mucho descuidado. Mira este vídeo, creo que te gustará:

      • Cristina Vives

         /  18/11/2012

        Hola Antonio.

        Conocía el vídeo, la verdad es que me llamó mucho la atención cuando lo vi por primera vez. Me pareció un buen impacto para abrir el debate sobre el tema que tú y yo estamos analizando aquí: el cambio de valores, más o menos generalizado, que va de la defensa de la privacidad al entusiasmo por el exhibicionismo.

        Gracias por compartir.

  3. Gran Hermano, seguridad ‘anti-terrorista’ y Facebook: la santa trinidad de la era post privacidad.

    Amen.

    La pregunta es: ¿descansará en paz?

    No lo sé. Tampoco sé lo que está en las manos del público: los lectores-consumidores-friends-potenciales terroristas que parece que somos todos. De verdad no lo sé. Si miro la historia puedo ver en repetidos momentos históricos como la complicidad inconsciente de gran parte de la población con una política determinada (una política ejecutada desde los estamentos mediáticos-corporativos y/o legislativos) se convirtió en pérdidas importantes de derechos humanos.

    La pérdida es real y ahora mismo la estamos experimentando. Desde hace algunos años doy por supuesto que cada acto y gesto digital es o puede ser conocido por el gobierno y su hermandad de instituciones y corporaciones. Tampoco es tan difícil para un navegante cualquiera reconstruir la historia de mi vida.

    Hasta en los emails personales rara vez escribo algo que no estaría dispuesta a defender en público. Me paro antes de escribir palabras de humor negro sobre asuntos políticos, y soy consciente de que mis suscripciones al World Socialist Website y al Harvard Business Review podrían confundir a alguien que se dedica a vigilar mis preferencias de consumición o mis creencias ideológicas.

    Esa idea me hace sonreír, tengo que confesar.

    Pero lo que no me hace sonreír es la falta de libertad que siento gracias a la nueva religión puesta en marcha por la santa trinidad que nombras en tu escrito.

    Para desarrollar y diseminar las facetas más creativas y artísticas mías me he visto obligada a crear un seudónimo. Esta persona no hace nada especialmente radical o interesante, pero sí hace fotografía, escribe poesía y prosa, y hace creaciones audiovisuales que necesitan su debida libertad de expresión sin juicio ninguno.

    Internet es el lugar donde mi persona profesional cobra vida y puede ser encontrada por todo el mundo. Mi integridad y reputación profesional se construye y se nutre en este ámbito público-digital-global. Inspiro confianza y seguridad a mis colegas y clientes, y eso es importante para mí.

    Otras personas dejarán su huella en Internet para otros fines, y lo harán de forma consciente o sin ninguna estrategia.

    No es mi caso. Yo tengo claro que no hay privacidad en Internet, y no sé qué he hecho yo para contribuir a este hecho. ¿Bajar la guardia? ¿Dejarme seducir por la oferta de la nueva tecnología? ¿Fluir con las masas?

    Culpable.

    ¿Y ahora qué? No sé si hay vuelta atrás. Una vez que tienes la vía del tren construida con hierro, no vas a detener el recorrido del tren. Nunca ha funcionado así la tecnología. No hay vuelta atrás, no señora.

    Así que, si quiero comunicar algo sumamente privado a alguien por escrito, a un cliente con un nuevo y original producto que me pide confidencialidad, uso el correo tradicional, UPS, Fedex, etc.

    Hemos dado una vuelta de 360 grados y acabamos donde empezamos. Tiene su gracia.

    Las consecuencias de la muerte de la privacidad en Internet, el gran campo de desarrollo global de la comunicación, están por ver. Temo que no será bonito.

    Gracias, Cristina, por escribir este artículo excelente con metáforas poéticas y acertadas.

    Con tu permiso, te citaré en algunos cursos que imparto sobre estrategia en el mundo de los negocios.

    Saludos,

    Jenifer

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    • Cristina Vives

       /  24/10/2012

      Hola Jenifer.

      Veo que tú no aceptas ser creyente de esta nueva religión con tantos prosélitos en Occidente.

      El problema, a mi entender, es que ese juicio crítico que tan bien has desarrollado en este comentario (gracias por elegir mi blog para hacerlo, por cierto) no lo ha hecho la mayoría de la gente que ha aceptado esta nueva religión de la no privacidad.

      El problema, como casi siempre, es la falta de espíritu crítico, la aceptación de los dogmas sin antes haberlos pasado por el filtro del raciocinio. Si la privacidad, como defiendo en el post, ha dejado de ser un valor no es porque la sociedad, críticamente y reflexivamente, haya pensado que debe dejar de serlo, sino porque ha habido alguien a quien le ha interesado que esto sea así y las masas lo han asumido como verdad irrefutable. Igual que asumieron la virginidad de María o la multiplicación de los panes y los peces.

      Y la nueva religión gana terreno sin que mucha gente se haya preguntado todavía, como tú haces, cuáles serán las consecuencias que esto podrá tener. Ni si la privacidad podrá descansar en paz.

      La verdad es que no tengo la respuesta, pero no auguro nada bueno.

      Como siempre, muchas gracias por hacerme pensar más sobre los temas de los que escribo.

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  4. Pareciera que estuviésemos obligados a vivir esa realidad, pero no es así. En mi opinión, la privacidad también depende de lo que queramos decir y publicar en las redes sociales. Lo del estado policial (muy a propósito de la majestuosa obra de Orwell de obligatoria lectura, por cierto) nos ata las manos, ese Gran Hermano no lo controlamos, pero muchas otras cosas sí. La gente abusa de las redes sociales y las utiliza como un canal para divulgar todo lo que ocurre en su vida personal. La privacidad y nuestra seguridad comienza por nosotros mismos. Si no somos nosotros los que controlamos lo que divulgamos ¿Quién lo va a hacer? ¡Pues nadie! Hay que ser muy cautelosos y crear nuestro propio manual personal de lo que se puede decir y lo que no en las redes sociales, y establecer qué información suministrar a Zuckerberg o al pajarito azul. Es una cuestión de adaptar el sentido común tradicional a la nueva era de Internet.

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    • Cristina Vives

       /  11/10/2012

      Hola Rebeca. Muchas gracias por tu aportación.

      Efectivamente, el grado de exposición pública al que nos sometemos depende en gran medida de nuestra voluntad y de nuestro sentido común (excepto en las ocasiones en las que amigos nuestros menos concienciados con la importancia de la privacidad deciden etiquetarnos en una foto de Facebook, o hablar sobre nosotros en nuestro muro o en una respuesta a un tuit, que eso también pasa).

      Pero lo que me parece más problemático es la (des)concienciación, si me permites la palabra, sobre que la privacidad es un valor. Si no se protege la privacidad, y me parece lo más grave, es porque un gran porcentaje de gente, sobre todo joven, piensa, como Zuckerberg, que no hay diferencia entre lo público y lo privado y que es mejor compartirlo todo que quedarte partes de tu vida sólo para ti.

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      • Totalmente cierto. Y el problema podría convertirse en una ola gigante si esa desvalorización de la privacidad se traslada a las leyes y se desvirtúan los actuales instrumentos legales que tenemos a favor de aquellos que intentan secuestrar una parte de tu vida. En otras palabras: que nuestra legislación (aquí incluyo la europea en general) termine por aceptar las atribuciones que Facebook, o Twitter, o LinkendIn se han tomado sobre nuestros datos personales. Hasta ahora no han sido muy rigurosos en ese tema y son pocos los usuarios que, como tu y como yo, muestran una verdadera preocupación por la violación a su privacidad, por el contrario, algunos hasta banalizan las quejas y no entienden que eso a futuro les puede perjudicar. ¿Es justo que se despida a alguien de su trabajo por un comentario político en Twitter que no es nada ofensivo ni perjudica a la empresa? Claro que no, pero ya se ha llegado a esos extremos de intromisión a la privacidad y a nuestro pensamiento. ¿Serán acaso las redes sociales parte de la gran “Policía del Pensamiento” que los Estados no han querido instaurar de manera directa?

  1. Descanse en paz, privacidad. Usted es sólo un cadáver

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