¿Ha muerto el influencer desinteresado?

Convendréis conmigo en que toda la vida ha habido influencers. 

Desde el novio de aquella amiga que en los años 90 hablaba entusiasmado de una discoteca hasta la vecina del quinto (vamos a poner el vecino, para no caer en estereotipos) que defendía la marca blanca de Mercadona o la cuñada que recomendaba una espuma que dejaba unos rizos sin igual.

Internet no inventó nada: Antes de la web 2.0 ya había personas con tirón cuyas opiniones y recomendaciones eran tenidas en cuenta por otras personas. 

Influencers. Marketing Digital

Lo que sí hizo Internet fue dotar de mucho mayor alcance esas opiniones. 

Aunque esto ahora suene ya al Paleolítico digital, web 2.0 fue un concepto popularizado en 2004 (¿véis? 2004 = Paleolítico) por Tim O’Reilly para hacer referencia a todos los sitios web que permitían la interacción social, aquellas webs en las que el usuario no era tan solo un espectador pasivo, como sucedía en la web 1.0 o en los medios tradicionales, sino en las que podía tomar el protagonismo y convertirse en creador de contenido.

Se hablaba entonces de la figura del prosumer (el consumidor que se había convertido en productor) y en el empoderamiento del usuario de a pie. Quería esto decir que el usuario debía ser tenido cada vez más en cuenta por las grandes marcas porque ya no podía ser silenciado: Internet le había dado voz y voto.

Tiempos en que una de las frases más conocidas de Philip Kotler adquiría más vigencia si cabe. “No hay mejor publicidad que la que te hacen tus clientes más satisfechos”, decía el padre del Marketing moderno. Y efectivamente, de eso se trataba: De tener un buen producto o servicio que no solo satisficiera a los clientes, sino que los dejara encantados, que los enamorara. Para que expusieran en el altavoz de Internet su experiencia con la marca. 

Parecía, en cierta manera, que el Marketing se volvía más honesto, más sincero y más puro. Más democrático. Ya no eran las marcas las que nos avasallaban con sus mensajes creados por grandes laboratorios creativos sino que eran ciudadanos de a pie, sin grandes conocimientos de Marketing ni de construcción de marca, los que se dirigían directamente a nosotros contándonos su experiencia.

Pero había demasiado dinero en juego.

Y ahí fue cuando estos consumidores de a pie, estos prosumers, se convirtieron en influencers. 

Se estima que el negocio de los influencers mueve unos nueve millones de euros en España, cifra que se espera que crezca en 2020 y que siga creciendo en los próximos años. 

Cifras que cada vez representan una porción mayor del pastel publicitario y que invitan a tratar de profesionalizar la figura del influencer. De hecho, las escuelas de negocio están empezando a organizar másters y postgrados para formar Influencers Digitales dotándoles de las herramientas, técnicas, estrategias y métricas necesarias en esta nueva profesión. 

Iniciativas docentes interesantísimas, creo que muy necesarias dado el crecimiento del nicho, pero que me hacen plantearme si el empoderamiento del consumidor que yo mencionaba en párrafos anteriores y del que tanto se hablaba hace 15 años está cada vez más entredicho. 

Me surgen preguntas que me encantaría que me contestarais para abrir un debate: 

  • ¿Ha muerto el influencer/prosumer desinteresado?, ¿aquel que no esperaba ninguna recompensa por dar su opinión?
  • ¿Estamos perdiendo voz y voto en Internet?
  • ¿Quiere esto decir que las marcas ya no tendrán que esforzarse tanto por satisfacer al consumidor?
  • ¿Pueden convivir los influencers profesionales con los consumidores activos que quieren opinar sobres las marcas que les gustan o les disgustan?

Y yéndonos al ámbito del Marketing político:

  • ¿Qué riesgo corremos si dejamos los mensajes políticos en manos de influencers a sueldo de los partidos? 

El influencer desinteresado parece herido. Evitemos que muera. 

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2 comentarios

  1. Bueno, bueno… La escritora ha vuelto. Me alegro de verte. Veo que no has perdido tu chispa léxica. Olé.

    El tema es interesante, él de los y las influencers. Es, ciertamente, como diría Bertín, un fenómeno.

    A veces tengo la sensación de vivir en un planeta pequeño dentro de una galaxia compuesta de muchos planetas distintos. Cuando visito el planeta Kardashian, por ejemplo, me quedo allí en su Instagram hasta que me falta el oxígeno y tengo que volver rápidamente a la seguridad de mi propia tierra, arrodillada, besándola.

    Me siento así a menudo y no me importa, somos todos extraterrestres supongo.

    Pero en mi propia parte de esta galaxia interconectada he tenido suerte en el tema de los Influencers. He conocido a un hombre que es especialista en el tema de microinfluencers. No es un influencer él mismo, sino un instructor/pedagogo/speaker/evangelista/maestro en el tema. Y, es una persona sumamente inteligente que tiene una filosofía de microinfluencers que no predica el dinero como primer valor sino la conexión humana. La comunicación intencional, la autenticidad y el juego son los valores que enseña. Crazy ¿no? Yo empezaba a aprender a través de sus videos, discursos, mensajes, y luego lo conocí offline, en persona. (Se llama Oscar Cumí.)

    Me ha convertido en una creyente. Creo que una persona sí puede ser influencer y ser honrada y cultivar una audiencia de personas y conectar ideas, servicios, productos con creatividad y autenticidad sin tener el fetiche de dinero por medio. Estoy conectada con algunos de ellos en Instagram, en mi pequeño planeta. Pero como todos los astronautas, me gusta viajar y me pongo el casco de vez en cuando y visito los otros mundos — con sus animales hiperbotoxeados y obscenas carnavales de productos poshumanos. Hasta que me falta el oxígeno y vuelvo.

    Me gusta verte aquí, en este planeta.

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    • Cristina Vives

       /  09/03/2020

      Buenos días Jenifer,

      Me alegra mucho volverte a ver por mi casa 😉

      Y me alegra mucho que compartas aquí el ejemplo de un “influencer honrado”, Oscar Cumí. Acabo de visitar su planeta y siento una gran curiosidad por conocerlo un poco más. ¿Será que estás ejerciendo de influencer sobre mí?

      Es un alivio que el primer input que recibo tras escribir este post sea positivo: No todo está perdido: La galaxia influencer parece contagiada por el virus del dinero, la fama y la vacuidad pero todavía nos quedan mentes sanas que se apasionan y apasionan, que se lo creen y hacen creer.

      Todo un alivio para escépticos como yo.

      Responder

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